martes, septiembre 27, 2005

La ciudad de Los Poetas... ¿inservibles?

Provoca fastidio tráfico en Los Poetas
En algunos cruces la fila de autos en horas pico alcanza 1.5 kilómetros de largo y el tiempo de recorrido se incrementa 20 veces más de lo normal
Por Hugo Corzo
Grupo Reforma
Ciudad de México (27 septiembre 2005).- A un año de haber sido abiertos a la circulación vial, los poetas de las barrancas de Santa Fe provocan fastidio y molestia a los automovilistas ya que pierden hasta 45 minutos para recorrer un kilómetro.
La Avenida de los Poetas, abierta al paso vehicular el 27 de septiembre del año pasado, entronca por su costado norte con Avenida Tamaulipas y por el sur con Avenida Centenario y Calzada Las Águilas.
Desde entonces y hasta ahora, en estos cruces la fila de autos en las horas pico alcanza 1.5 kilómetros de largo y el tiempo de recorrido se incrementa 20 veces más de lo que tomaría hacerlo a la velocidad promedio de circulación en la Ciudad de México (25 kilómetros por hora), según constató REFORMA durante tres recorridos realizados la semana pasada."Ya estamos más que hartos, pero ¿qué, en serio, qué hacerle? No hay otro camino", dice, resignado, Jorge Alcocer, vecino y automovilista de la zona.Así, para hacer un recorrido de 2.5 minutos los automovilistas que circulan entre Santa Fe y Periférico sur por esta ruta deben prever salir con una anticipación de hasta tres cuartos de hora, por el tráfico.
Tránsito mañanero
La Avenida de los Poetas es una vialidad de 2.3 kilómetros que tiene tres puentes y que fue construida por la iniciativa privada con un costo de 900 millones de pesos; la vía es útil para los automovilistas que viajan desde Cuajimalpa, Huixquilucan -en el Estado de México- o Las Lomas, entre otros sitios, hacia el sur a destinos como Barranca del Muerto, Periférico poniente o San Jerónimo.
Entre 6:30 y 9:30 horas el embudo es peor en el entronque sur de los puentes, donde confluyen Centenario y Las Águilas; ahí, se registra diariamente en ese horario un aforo de 5 mil vehículos, de acuerdo con datos de la Delegación Álvaro Obregón.
Los motivos son dos: uno, la falta de previsión para resolver la intersección de la nueva avenida, pues resulta que la fila de autos hace un trébol, por lo que se encuentra consigo misma como una víbora que se muerde la cola; además, la estrecha superficie de rodamiento de Avenida Centenario.
A esto se agrega una base de microbuses, otra de camiones, un mercado sobre ruedas y 12 puntos donde se estrecha Centenario por los autos estacionados a los costados, no han sido resueltos desde que se abrió Avenida de los Poetas.
"Lo que era un camino de 20 minutos para llegar a Periférico por Centenario ahora es de casi una hora, o hasta más", aseguró Liliana Amaro, vecina de la zona.
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Fecha de publicación: 26-Sep-2005

El Privilegio de Engañar

PRIMERA PARTE

Si López Obrador nos quiere engañar con sus propuestas de gobierno, no será la primera ni la última vez que lo intente. Es su costumbre.
Pero se necesita atención médica urgente para quienes le crean sin siquiera percatarse que López Obrador no viene de la oposición sino de ejercer el gobierno durante cinco años en la capital del país.
Así es que sus promesas —50 puntos— tienen que medirse con el rasero de lo que hizo como gobernante.
Promete mejorar la seguridad. ¿La mejoró?
Promete aumentar el empleo. ¿Lo aumentó?
Promete cobrar mejor los impuestos. ¿Fue más eficiente para cobrar?
Promete combatir a fondo la corrupción. ¿La combatió?
Promete reordenar la deuda pública. ¿La reordenó?
Promete respetar la autonomía del Legislativo. ¿La respetó?
Promete acatar las leyes y las resoluciones del Poder Judicial. ¿Las acató?
Promete bajarse el sueldo a la mitad él y sus secretarios. ¿Se lo bajó?
Promete mejorar la atención en el IMSS y en el ISSSTE. ¿La mejoró en los centros de Salud del DF?
Promete elevar la calidad de educación. ¿La mejoró?
Promete no usar el cargo para ayudar amigos ni para destruir adversarios. ¿No lo usó?
Está bien que seamos un país desmemoriado, pero no puede haber tanto cinismo como para olvidar que López Obrador gobernó la capital del país los últimos cinco años.
Como si viniera de un largo retiro espiritual en el Tibet o en Bután, López Obrador se asombra de que precandidatos de otros partidos tengan spot en televisión y dice que él no tiene dinero para hacer campaña.
Desde el inicio hasta el último día de su gobierno, López Obrador abrumó con propaganda en televisión.
No hay en la historia de México un gobierno, local o federal, que haya gastado más en la imagen del gobernante que el de López Obrador.
En Big Brother, en los juegos América-Chivas, en la liguilla, en la final, en los partidos de la selección, en los noticieros, en la mañana, en las telenovelas, en las películas, en la noche, en los canales nacionales, en los locales... hasta en la sopa aparecía López Obrador.
Fue tan ostentosa la campaña personal de López Obrador en televisión con dinero público, que Alejandro Encinas determinó, en sus primeras medidas, que desaparezca la imagen del jefe de Gobierno de la propaganda oficial.
Nadie como él ha gastado tanto dinero en encuestas personales, con dinero tomado del cargo que ocupó, para medir la evolución de su popularidad y cómo mantenerla.
El propio Gobierno del DF informó que pagó 260 encuestas durante la administración de López Obrador, de las cuales 241 fueron para conocer los niveles de su popularidad y la aceptación ciudadana de su persona.
En el último tramo de su gobierno mandó a las “gacelas” a adiestrarse a Israel con dinero del erario, pero aseguró que no se las llevaría a la campaña porque no necesitaba guaruras. Hoy están en su campaña y lo cuidan a él y a su familia.
Dice que no tiene dinero, pero durante el proceso de desafuero había 23 spots diarios en televisión, pagados por la asociación civil “No Nos Vamos a Dejar”, que encabezó Alejandro Encinas y que nunca rindió cuentas.
Dice que no tiene dinero, pero a algún lado se van las cuotas de los trece mil taxis piratas del grupo “Panteras” que pagan al Frente Popular Francisco Villa, del PRD.
Dice que no tiene dinero, pero a algún lado van las cuotas que pagan los 100 mil ambulantes controlados por organizaciones lideradas por René Bejarano en nueve delegaciones.
Dice que no tiene dinero, pero a algún lado van las cuotas que semana a semana pagan los giros negros a las autoridades delegacionales del PRD para poder operar.
Dice que no tiene dinero, pero en algún lugar está lo que le descontó a los burócratas durante su desafuero, a razón de diez mil pesos a directores; seis mil 400 pesos a subdirectores; cuatro mil 900 a jefes de Unidad Departamental; cuatro mil 100 a Coordinadores de Proyecto; y tres mil 200 a Enlaces Administrativos.
Dice que no tiene dinero, pero en algún lugar está lo que obtenía su secretario particular con las extorsiones a contratistas para agilizar los pagos de obras realizadas, como todos pudimos ver en televisión.
Dice que no tiene dinero, pero por alguna razón las obras más importantes de su gobierno se realizaron por la vía de la adjudicación directa.
Dice que no tiene dinero, pero cuando la mayoría perredista de la Asamblea aprueba en comisiones que se construyan edificios de seis a diez pisos en Coyoacán y Álvaro Obregón (San Ángel), más “corredores urbanos” con cantinas y centros nocturnos en esas delegaciones, suena precisamente a eso que López Obrador dice que no tiene: dinero.
Dice que no tiene dinero, pero entregó a dos constructoras privadas 38 hectáreas de Santa Fe a cambio de los puentes de la avenida de Los Poetas. La obra costó a esas empresas 850 millones de pesos, y dividieron el terreno en 600 lotes de a dos millones de pesos cada uno, con lo que obtendrán mil 200 millones de pesos. Eso les dejará a los socios del GDF una ganancia neta mínima de 350 millones de pesos. ¿No tiene dinero para la campaña?
Bueno, pero vamos por partes.
López Obrador promete garantizar la seguridad pública. Bien. ¿La garantizó en el Distrito Federal, donde gobernó hasta hace muy poco?
Bajo su administración los secuestros se duplicaron. Sólo en lo que se refiere a denunciados, hubo 913 plagios de alto impacto y alrededor de seis mil de tipo exprés, lo que da —según las cifras oficiales—, unos siete mil secuestros durante los cuatro años y ocho meses de su mandato.
Treinta y nueve plagiados fueron asesinados durante su cautiverio, de los cuales 14 eran menores de edad.
En el Distrito Federal se da el 44 por ciento de los secuestros que se realizan en el país. Al inicio del gobierno de López Obrador, era sólo el 25 por ciento. En la actualidad hay 287 secuestradores, con orden de aprehensión, que están libres en el Distrito Federal.
De acuerdo con cifras del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, la capital del país es la segunda ciudad del mundo con mayor cantidad de secuestros. Ocupamos el primer lugar mundial con más asesinatos de automovilistas y con más asaltos a transporte de carga.
Entre 2001 y 2004, el narcomenudeo creció en el Distrito Federal en 762 por ciento, de acuerdo con el reporte de la Procuraduría General de la República llamado Problemática Social generada por el narcomenudeo.
Ahí la PGR asienta que el número de tienditas en las que se vende droga en el Distrito Federal es de dos mil 111 expendios.
El informe asienta que la subsecretaría de Servicios Educativos informa que 62 mil estudiantes de secundarias públicas del Distrito Federal, ya son consumidores de drogas. En total se comercializan 18 mil kilos de droga al menudeo al año aquí en la capital de la República.
Sólo en robo de vehículos el gobierno de López Obrador puede presumir que hubo un descenso durante su administración, pero ese delito ha disminuido en todo el país. En diciembre del año pasado, el Gobierno del DF admitió que fue incapaz de reducir los delitos en 15 por ciento como ofreció.
Y cuando cientos de miles de capitalinos marcharon en demanda de seguridad pública, López Obrador dijo que eran pirrurris movidos por una mano negra.
¿Ese es el que va a garantizar la seguridad pública si llega a Presidente?

sábado, septiembre 17, 2005

Otra vez se inventa enemigos

Andrés Manuel López Obrador acusó al Consejo General del IFE de haber pretendido ponerle una trampa para cerrarle el paso a su registro como candidato del PRD a la Presidencia.

Al arremeter en contra de los consejeros electorales, el ex gobernante capitalino los acusó de estar empeñados en hacerlo a un lado de la contienda en calidad de empleados que son, dijo, del PRI y del PAN.

López Obrador argumentó que su suspensión del viaje a Los Angeles, donde el día 15 daría el grito con el Alcalde Antonio Villaraigosa, obedeció a su estrategia de irse "despacito", con precaución ya que está prevenido de las intenciones del IFE de poner en riesgo su candidatura.

Tanto aquí como en Tijuana, el perredista abordó el asunto bajo el alegato de que la respuesta ambigua del IFE sobre su solicitud de viajar al extranjero era parte de una misma estrategia en la que también participó un consejero que, mediante entrevistas de prensa, amagó sobre la eventual pérdida del registro de López Obrador, en caso de acudir a Los Angeles.

"Ellos me querían poner una trampa. Por un lado mandaron un oficio ambiguo, donde no resolvían nada. Y por el otro, un consejero del IFE se dedicó a visitar estaciones de radio diciendo que hasta podían quitarme el registro", expuso el político tabasqueño.

De regreso a las argumentaciones de que en el IFE "me traen ganas", "me ven con malos ojos", López Obrador puso en entredicho la imparcialidad del árbitro electoral y aseguró que confía muy poco en sus integrantes.